El papá de las bellezas: 02
Capítulo II 02 Pág. 02 de 11 El papá de las bellezas Felipe Trigo -¿Señor duque? -Adelante, Clarisa. -Con permiso. Pasó la simpática muchacha. -Mira, Clarisita: tráeme... me vas á traer de desayuno, medio limón, té, rootsbif frío, queso de Roquefort con mostaza y una copa de Madera. -Pero... ¡Señor duque! -Vamos... de Madera. ¡Quiero decir, de-vino de Madera! -explicó el duque. Y sonrió. Las pobres menegildas madrileñas no estaban hechas á sus gustos pantagruélicos y exóticos, forjados sobre las costumbres rusas, inglesas, alemanas. -Sí, sí, mujer. Trae todo eso. ¿Es que no lo hay, quizás? -Si, señor duque; haberlo si lo hay. Pero... son las tres de la tarde. -¡Las tres! -¿Y á qué hora van á almorzar el señor duque y la señorita? -¡Caramba, nena! ¡Conque las tres!... ¿Sabes que he dormido?... Abre, y que entre el sol Haz el favor de prepararme el traje claro, el de las listas...; no, el de cuadritos...; ó, no, mejor, el...
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