Arte

Leonardo da Vinci: La belle Ferronière, Museo del Louvre, París.

(Del latín ars, artis.) En alemán, kunst; en francés, art; en inglés, art; en italiano, arte. Se llama comúnmente arte, en sentido propio, a toda actividad humana cuyos resultados y procesos de desarrollo pueden ser objeto de juicio estético, y, consiguientemente, a cada una de las formas de expresión artística (arquitectura, pintura, cinematografía, música, fotografía, escultura, etc.).

Introducción

En su libro Õber das Geistige in der Kunst (1911 Sobre lo espiritual en el arte), el pintor ruso Vasili Kandinsky definía tres elementos constitutivos de toda obra de arte: el elemento de la personalidad, propio del artista; el elemento del estilo, propio de la época y del ambiente cultural; y el elemento de lo puro y eternamente artístico, propio del arte más allá de toda limitación espacial o temporal.

Concepto

Aunque toda definición de un concepto como el de arte es problemática, la anterior nos permite apuntar tres rasgos característicos: el arte es el producto de un acto creativo, responde en cada momento —de forma directa o indirecta— a las concepciones ideológicas de la sociedad en que surge, y es universal, intrínseco al ser humano a lo largo de su historia. En una primera aproximación a lo que pueda ser el arte, pues, lo único que cabe afirmar es que toda creación artística constituye un resultado de la actividad del hombre. Los acontecimientos naturales, los fenómenos físicos, no son obras de arte, aunque sean bellos, y aun para considerarlos así es precisa la mirada de un ser humano.

Es evidente, sin embargo, que esta definición se agota en sí misma, pues tan sólo apunta el hecho de que existe una actividad humana llamada «arte», pero no proporciona ninguna indicación acerca de ella. De hecho, cuando se utiliza el término «arte» pueden dársele significados muy diversos. En la antigüedad clásica se identificaba con la tekné, «técnica», y se consideraba como tal cualquier oficio que requiriera cierta habilidad y supusiera una manipulación de los elementos naturales; así, en la Florencia del Renacimiento se hablaba de artes mayores, medias y menores para referirse a distintas manufacturas. En las universidades medievales, la base de la transmisión del saber era la enseñanza de las siete artes liberales, que comprendían el trivium (gramática, retórica, dialéctica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía, música), y aún en fechas muy posteriores se hablaba del «arte combinatoria» o del «arte de la guerra» sin que ello supusiera ningún empleo de recursos retóricos.

Tal definición, pese a todo, continúa siendo vaga, pues remite al problema de determinar en qué ha de consistir tal apreciación estética. A este respecto se distingue por lo general entre las bellas artes y las artes útiles. Las primeras, como la pintura o la escultura, constituyen un fin en sí mismas; las segundas —la orfebrería o la cerámica, por ejemplo— combinan el propósito estético con la utilidad. Una vez más, dicha distinción presenta un valor meramente indicativo, pues, ¿en qué lugar cabría incluir a la arquitectura, que posee claramente ambos fines, o a las modernas artesanías industriales? Incluso en el caso de obras literarias, pictóricas, escultóricas, cinematográficas, etc., sería preciso delimitar el concepto de utilidad: para el anónimo dibujante prehistórico, su reproducción de un bisonte no poseía un fin primordialmente estético, sino que formaba parte de un ritual mágico favorecedor de la caza; para un teólogo como Martín Lutero, los salmos que componía no eran sino modos de revelar a la gente la gloria de Dios. En ambos casos, como en tantos otros, el arte era un medio.

Aspecto de las salas de exposición durante la feria MiArt ArtNow, dedicada al arte moderno y contemporáneo, el 27 de marzo de 2010, en Milán (Italia).

Pero, si lo contemplamos desde otro punto de vista, ¿puede afirmarse que el único objetivo del artista prehistórico era utilitario, que no existía un deseo de expresión creativa? Y aun si así era, ¿acaso hoy no consideramos arte a su obra, pese a que haya perdido por completo para nosotros su función original?

Se hace evidente, pues, que resulta prácticamente imposible ofrecer una definición general del arte. El uso del término, y también su significado, se derivan de un criterio preestablecido, y de hecho el vocablo se emplea para designar muy diversos conceptos, aludiendo, por ejemplo, sólo a las artes plásticas (se habla así en los programas escolares de la «historia del arte» excluyendo la literatura), o empleándolo tanto para la actividad artística como para el producto de ella resultante.

Cabe concluir, de manera amplia, que lo que determina la calificación de algo como obra de arte es simplemente el hecho de que constituya una actividad humana que produzca en nosotros una respuesta estética; en este sentido, la definición sería aplicable tanto a las bellas artes como a las útiles. Sin embargo, no es menos cierto que, en un arte útil como la arquitectura, lo que consideramos propiamente artístico no es su utilidad sino su componente estético, de igual manera que la admiración que sentimos por un ánfora griega no responde a su capacidad para portar líquido, sino a la armonía de sus formas.

Así pues, aceptando este sentido restringido del término, el problema consistiría en delimitar en qué consiste el componente estético, y qué formas expresivas puede adoptar. Ello implica, necesariamente, analizar desde una perspectiva histórica las concepciones que acerca del arte se han manifestado en las diferentes épocas.

Concepciones históricas acerca del arte

Hasta el siglo XVIII, la mayor parte de las reflexiones teóricas acerca del arte podían encuadrarse en dos amplios grupos: las que abordaban la cuestión dentro de una especulación filosófica general, y las que incidían en los aspectos puramente técnicos. Las primeras se adscribirían a lo que en 1750 el alemán Alexander Gottlieb Baumgarten definiría como «estética»: una rama de la filosofía cuyo objeto no es la obra artística en sí misma, sino la belleza y lo bello según se manifiestan en el arte.

La génesis de esta concepción del arte como «espejo» de una realidad exterior, ya fuere de orden material o espiritual, se remonta a los pensadores griegos. Así, Platón identificaba la belleza con el bien, y Aristóteles, en su Poética, definía la literatura, y por extensión todo el arte, como mimesis, es decir, como representación. La labor del artista sería representar la realidad, extrayendo de ella sus partes más significativas; el arte consistiría, por tanto, en una representación racional de la realidad.

Entrada a las instalaciones de la 51ª edición de la Bienal de Arte de Venecia, que corresponde a la del año 2004.

Esta concepción persistiría hasta el romanticismo, incluso en aquellos autores que resaltaban el carácter «arrebatado» de la creación artística. Así, en el siglo I, el anónimo autor del tratado De lo sublime resaltaba como una de las fuentes del arte elevado «la vehemencia y el entusiasmo en lo patético y emocional», pero no se recataba en afirmar que «el arte es perfecto en el momento en que parece ser la naturaleza».

Lo que aquí interesa, sin embargo, no son las tesis estéticas, sino el papel que la sociedad ha conferido a la producción artística a lo largo de su historia. Y, desde esta perspectiva, las variaciones fueron muy notables. En tiempos de la antigua Roma, predominaba una noción histórica del arte en virtud de la cual éste se identificaba como un progreso continuo que había llegado a su culminación. La representación no podía ya ser más perfecta, y así, si exceptuamos las aportaciones de la arquitectura, que no se consideraba propiamente un arte, los artistas romanos se dedicaron fundamentalmente a la imitación de los modelos clásicos griegos.

En el curso de la Edad Media, el arte se concibió casi de forma exclusiva desde una perspectiva religiosa, como exaltación de los ideales cristianos. Su objeto sería la glorificación de la majestad divina, y como tal la noción del artista individual quedaba oscurecida.

El Renacimiento trajo un replanteamiento de las tesis del clasicismo grecorromano, y con él volvió a enfatizarse la idea del arte como representación de la naturaleza. Sin embargo, los creadores renacentistas confirieron a las disciplinas artísticas una autonomía que hasta entonces no habían poseído y un cauce propio, reivindicándolas como una vía de conocimiento y penetración de la realidad que poseía medios y formas diferenciados. Leonardo da Vinci afirmaba que «la pintura es ciencia e hija legítima de la naturaleza, porque esa naturaleza la ha parido» y, por tanto, «con razón diremos que es descendiente de esa naturaleza y pariente de Dios»; por su parte, el inglés Francis Bacon no dudaba en considerar que «el arte es la naturaleza más el hombre».

El artista, en consecuencia, no se limitaba ya a elegir rasgos significativos de la naturaleza, sino que, como el filósofo, penetraba en su conocimiento, pero por medio de otros métodos. En el Renacimiento, según lo explica el especialista italiano Eugenio Garin, «el pintor debe descubrir el secreto de la artifiziosa natura, o sea, debe pasar de la visión superficial a la profunda, para llegar a las razones de la experiencia, a la necesidad que vincula los efectos con las causas, y de ese modo compenetrarse él mismo con la causa». Semejantes concepciones se aplicaban a las demás expresiones artísticas.

Aspecto de las salas de exhibición de MiArt ArtNow, feria de arte moderno y contemporáneo de Milán, el 27 de marzo de 2010.

La noción de autor adquiría, así, una nueva dimensión. Pero sería ya a fines del siglo XVIII y principios del XIX, con la eclosión del romanticismo, cuando las concepciones acerca del arte sufrirían una radical transformación. Ésta se articuló en torno a tres nociones básicas. En primer lugar, se confirió un papel decisivo al «genio» individual, al arte como expresión personal del artista y no ya como «representación». En segundo lugar, se revalorizó el arte popular, que pasó a considerarse creación colectiva y que, por tanto, dejó de sujetarse a unas reglas academicistas de apreciación, para entenderse como reflejo de lo que el alemán Johann Gottfried Herder llamó «el espíritu de los pueblos».

Por último, se enfatizó el valor «social» del arte no ya como expresión, sino como medio para progresar en la justicia social; el francés Pierre Joseph Proudhon, a este respecto, no dudó en afirmar que los únicos auténticos monumentos de arte que existían en París eran la cárcel de Mayas y el mercado de Les Halles, y que el arte debía ser «reformador y discriminador de valores». La importancia que esta ruptura con las concepciones academicistas tendría sobre las manifestaciones artísticas posteriores es difícilmente exagerable. No existía ya una teoría establecida, un «canon»; cada movimiento aportó su propia tendencia, su concepción.

Permitió, así mismo, la apertura de concepciones acerca del arte el surgimiento de disciplinas como la historiografía o la sociología del arte, en las que ya no se pretendía, a diferencia de lo que ocurría en la estética, definir la belleza o dictar reglas a las actividades artísticas, sino «interpretar» éstas e integrarlas dentro de una teoría artística general. Los pioneros de las nuevas disciplinas fueron probablemente el francés Hippolyte Taine, cuyo método naturalista pretendía establecer las interconexiones entre la obra total del artista, las tendencias artísticas de su época y, en último extremo, el conjunto de la ideología social, y el suizo Jacob Burckhardt, quien en su magna obra Die Kultur der Renaissance in Italien (1860; La cultura del Renacimiento en Italia) acometió por vez primera la comprensión de las manifestaciones artísticas de un período histórico.

Durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX fueron numerosos los intentos de abordar la problemática del arte desde las más diversas perspectivas. El enfoque sociológico fue desarrollado por autores como los alemanes Arnold Hauser y M. Wackernagel, quienes profundizaron en las tesis de Jacob Burckhardt, y, en un contexto más radical, por los pensadores marxistas. Los británicos Herbert Spencer y Grant Allen, inspirados en las teorías evolucionistas, desarrollaron una concepción organicista, llegando el segundo a afirmar que el placer estético es una respuesta «al máximo de estimulación con el mínimo de fatiga».

Pieza de orfebrería que repreenta una antigua deidad peruana.

El alemán Max Dvorak, por su parte, formuló una teoría histórica del arte en la que éste era considerado como la expresión más elevada de los valores culturales de cada época, y un compatriota suyo, Heinrich Wölfflin, llevó a cabo en Kunstge-schichtliche Grundbegriffe (Conceptos fundamentales de la historia del arte) una tentativa que ejercería gran influencia posterior: la reconstrucción de la historia del arte mediante la contraposición de categorías formales sin tener en cuenta la personalidad de los artistas, es decir, lo que él mismo llamó «una historia anónima del arte». La escuela psicoanalítica encabezada por Sigmund Freud, en fin, abordó la creación artística desde una perspectiva completamente opuesta a la de Wölfflin, enfatizando la importancia de los procesos psicológicos inconscientes y llegando a considerar el «genio» como una forma peculiar de patología.

El siglo XX traería consigo un cuestionamiento de todos los presupuestos artísticos. El desarrollo de la abstracción en la pintura rompió por completo con la tesis clásica de la representación; la literatura, por obra de los surrealistas o de autores como James Joyce, William Faulkner o Samuel Beckett, ha llevado la escritura a un punto de total quiebra de los procesos mentales o lingüísticos. Y lo mismo cabe decir de otras muchas disciplinas artísticas, como la música y la arquitectura o la cinematografía, que en un tiempo muy corto de existencia ha supuesto un replanteamiento total de sus formas expresivas. La propia noción de arte como «producción» sería puesta en tela de juicio por movimientos como el dadaísmo o, ya en la década de 1960, el arte conceptual, en el que el análisis intelectual del arte se convirtió en manifestación artística.

En realidad, tal vez lo que más diferencia a los movimientos artísticos recientes respecto a los precedentes es precisamente su aspecto conceptual, el hecho de que los propios creadores realizan sus obras a partir de una previa toma de postura intelectual. Evidentemente, han seguido surgiendo escuelas historiográficas y estéticas en las que el arte es analizado de forma cada vez más acusada en relación con otras disciplinas; éste sería el caso del estructuralismo, que a partir de la lingüística llevó a un extremo radical las tesis formalistas de Wölfflin.

Pero, a diferencia de siglos anteriores, no existe ya una «preceptiva», y son los artistas mismos quienes delimitan y deciden sus medios expresivos. Hoy más que nunca, pues, resulta imposible delimitar el concepto de arte mediante su enfrentamiento o separación con respecto a otras disciplinas. Así, en su Opera aperta (Obra abierta), el italiano Umberto Eco proponía como tema de investigación «la reacción del arte y de los artistas (de las estructuras formales y de los programas poéticos que las rigen) ante la provocación del Azar, de lo Indeterminado, de lo Probable, de lo Ambiguo, de lo plurivalente; la reacción, por consiguiente, de la sensibilidad contemporánea en respuesta a las sugestiones de la matemática, de la biología, de la física, de la psicología, de la lógica, y del nuevo horizonte epistemológico que estas ciencias han abierto».

Parque Histórico de Ayyutthai, en Tailandia.

Pero, ¿qué diferencia entonces al creador contemporáneo del anónimo artista del Paleolítico? Simplemente, el mundo en que viven. Ambos comparten los dos primeros puntos de la definición de Kandinsky: se expresan por medio del arte, y lo hacen en una estrecha relación con la sociedad de su época. Lo que resta no es sino el tercer punto, lo pura y eternamente artístico, connatural al hombre en toda su historia; lo que resta es el arte en sí mismo, cuya única y posible definición no es sino su propia existencia.

Clasificación de las artes

Tal como se ha apuntado en las líneas precedentes, el establecimiento de una clasificación de las artes es en buena medida una labor condenada al fracaso, dada la imposibilidad de establecer un criterio objetivo y universal acerca del propio concepto de arte. Sin embargo, si se restringe el criterio a las disciplinas que tradicionalmente se han considerado artísticas o «bellas artes», es decir, aquellas cuyo fin primordial es proporcionar una impresión estética a su receptor, vemos que existen claras diferencias entre ellas. Por tanto, y atendiendo principalmente a los medios que cada una utiliza, se han establecido diferentes clasificaciones, que permiten al menos delimitar sus elementos constitutivos.

Artes estáticas o espaciales Artes mixtas Artes dinámicas o temporales
Arquitectura Cine Música
Escultura Teatro Danza
Pintura Ópera Literatura

El primero que suscitó de forma precisa el problema de la distinción entre las artes fue el alemán Gotthold Ephraim Lessing, quien en su tratado Laocoonte analizó las interferencias del lenguaje poético en la pintura. En el siglo XIX, Robert von Zimmerman elaboró la siguiente clasificación de las artes de acuerdo con sus formas de representación:

1. Artes de representación material: arquitectura, escultura, etc.

2. Artes de representación perceptiva: pintura, música.

3. Artes de representación del pensamiento: poesía.

Estas distinciones, sin embargo, eran excesivamente vagas, ya que el autor reducía los elementos temporales a espaciales, a «representaciones», y no dudaba en afirmar que el ritmo no era sino una forma particular de la simetría. Por ello, se ofrece a continuación otra clasificación de las artes en función de sus medios expresivos.

El Museo de Arte Contemporáneo de Niterói (Estado de Río de Janeiro, Brasil).

1. Artes espaciales. Se incluirían aquí todas las artes plásticas. Cabría distinguir en este sentido las bidimensionales, como el dibujo y la pintura, y las tridimensionales, cual la escultura y la arquitectura. Características definitorias de estas artes serían su ubicación espacial, su atemporalidad —no implican un desarrollo en el tiempo— y el hecho de que el sentido principal cuyo concurso se requiere para su apreciación estética es la vista, por lo que también se han llamado «artes visuales».

2. Artes temporales. Serían todas las que implican un proceso en el tiempo. Suele distinguirse entre artes sonoras, como la música instrumental —que es además intermitente, es decir, no existe como tal arte sino cuando es ejecutada—, y artes verbales, entre las que se hallarían géneros literarios como la novela y la poesía.

3. Artes mixtas. Se entienden como tales las disciplinas artísticas en las que intervienen de manera combinada elementos propios de los dos grupos anteriores. El teatro, por ejemplo, aun siendo un género literario, incluye la representación espacial; la danza es a un tiempo espacial y temporal; y la ópera comprende además elementos verbales, al igual que la cinematografía.

Evidentemente, éste no es sino un sencillo modelo clasificatorio, sin pretensiones de exhaustividad. ¿Dónde se incluiría aquí, por ejemplo, el arte conceptual? Por lo demás, cabría establecer clasificaciones similares de acuerdo con muy distintos criterios, pero en todos los casos se producirían insuficiencias semejantes, lo que, en último extremo, no hace sino confirmar la imposibilidad de reducir la riqueza inagotable del fenómeno artístico a categorías formales.

La crítica de arte

Consiste en la descripción, interpretación y valoración de las obras de arte. El crítico de arte juzga el valor estético o la calidad de los objetos artísticos en todos los campos de las artes visuales. Hasta el s. XVIII la crítica de arte consistía básicamente en formulaciones generales sobre el valor estético de la obra de arte analizada, pero a partir del s. XIX los críticos empezaron a dictaminar sobre las tendencias del gusto artístico, para orientar a la burguesía cada vez más interesada en la compra de obras de arte. En el s. XX, con la crisis del significado en las artes visuales y la rápida sucesión de cambios estilíticos, los críticos han ganado protagonismo en los movimientos artísticos.

Valoración económica del arte

Dentro del dominio de las denominadas bellas artes, la valoración económica de las producciones que las representan es muy antigua, y se basa en dos factores fundamentales: el mérito específico o la condición de pieza única y la demanda que pueda existir. En el primer caso se valora la habilidad en la realización, la calidad de los materiales empleados, el estado de conservación y la autenticidad (la cotización decrece de modo extraordinario si se trata de una copia o de una falsificación).

El segundo factor, la demanda, se establece en razón de la atracción que el objeto pueda despertar entre los coleccionistas y amantes del arte en general. En épocas de inflación es habitual que la compra de obras de arte esté motivada fundamentalmente por el deseo de invertir dinero como contrapartida a las fluctuaciones de la moneda; el arte, piensa el inversor, es un valor seguro.

Practicado ya en la Grecia antigua y en Roma, el comercio artístico se afianzó en Europa en el s. XVI, tiempo en el que ya existían en Venecia y Florencia diferentes lonjas especializadas. En la centuria siguiente la bolsa artística se centró mayormente en Holanda, cuyos pintores cambian el curso del gusto al consagrar la afición por las escenas de la vida cotidiana en lugar de representar motivos religiosos o mitológicos como los italianos.

En el s. XIX el mercado artístico experimenta una enorme expansión internacional, fruto de la cual es la actual abundancia de museos, galerías de arte privadas y casas de subastas. Entre estas últimas, las más importantes son Christie's y Sotheby's, ambas en Londres, ciudad que en los inicios de la década de 1980 perdió la capitalidad mundial del mercado artístico en beneficio de Nueva York.

Artes diversas

• arte comercial. Rama del arte relacionada directamente con la publicidad y la promoción de ventas en la industria y el comercio.

• arte infantil. Acto realizado por el niño, de forma personal y a nivel de su propio desarrollo, que tiene por objeto expresar la belleza. El reconocimiento del arte infantil como tal, fue debido a la visión del pintor vienés Franz Cicek, que a principios del s. XX descubrió su valor. No es un hecho que surgió de pronto como algo exclusivo; en otras naciones de Europa y Norteamérica existía también una evolución lenta y cambio de mentalidad, dando lugar a la atención del cultivo de la creatividad infantil. Sus iniciadores fueron, entre otros, Conrado Ricci, Earl Barnes, Lewinstein, Stern, Sully, Marion Richardson, Herbert Read, G. Rouma y Josefina Rodríguez. En Londres se celebraron exposiciones de arte infantil bajo la dirección de Cicek al igual que en otras ciudades del mundo.
• arte plumaria. La que imita pinturas mediante plumas de colores adheridas a un plano, como se practicaba en México antes de la conquista.
• arte pobre o arte povera. Tendencia del arte contemporáneo que se desarrolló durante la segunda mitad de los años sesenta y que se caracteriza por un rechazo, en la creación artística, de las técnicas tradicionales y de los materiales nobles.
• arte popular o arte naïf. Realizaciones artísticas que no tienen por objeto la búsqueda intelectual, estética o científica propia del arte de elite. Posee características definitorias: la fijación a las formas tradicionales, la falta de perspectiva o el empleo de perspectiva rudimentaria, la jerarquización entre los elementos representados según su importancia, los colores planos, la profusa ornamentación floral, y el empleo frecuente de la simetría. Hasta principios del s. XX, el arte popular no fue apreciado, debido en gran parte a su simplicidad. Con los expresionistas adquirió mayor relevancia, hasta el punto de que hoy goza de gran estima entre los coleccionistas, e incluso tiene cabida en los museos.
• arte primitivo. El empleado por los pueblos primitivos con finalidad cultural principalmente: monumentos megalíticos, tumbas, máscaras, animales totémicos, pinturas incisivas en las rocas o sobre barro, etc.
• arte sacro. El relacionado con Dios y el culto divino.
• artes aplicadas. Se dice de las utilizadas sobre los productos industriales de uso común con el objeto de embellecerlos, partiendo para ello de una concepción simultánea de funcionalidad y aspecto formal. Son, pues, artes aplicadas: la cerámica, la glíptica (arte de grabar piedras duras), la elaboración de vidrios artísticos y de esmaltes, la eboraria (arte de labrar marfiles), la ebanistería, todas las demás modalidades de construcción de muebles, la orfebrería, las artes del metal, las artes textiles y las de la ornamentación y la decoración.

• artes decorativas. Rama de la industria aplicada. Puede estar en función de objetos utilitarios (cerámica, madera, metales, etc.), ornamentales (tapicerías, porcelanas, códices, esmaltes, mosaicos, etc.), o bien como embellecimiento exterior o interno de la arquitectura. Esta distinción del arte aplicado no aparece hasta el s. XIX.
• artes figurativas. Término introducido en el s. XIX para designar la arquitectura, escultura, pintura, grabado y artes musicales. En la actualidad engloba las cuatro últimas expresiones artísticas y en particular las tendencias de éstas no pertenecientes a las corrientes abstractas.
• artes gráficas. Conjunto de conocimientos, habilidades, técnicas y consideraciones prácticas, industriales o estéticas, relacionadas con la reproducción, a partir de un diseño original, de textos o figuras, en especial sobre superficies planas. Antiguamente, la pintura y la xilografía se consideraban también artes gráficas; con la aparición de la imprenta, el término designaba por lo general la preparación de originales, la impresión y la encuadernación. En la actualidad, las artes gráficas comprenden la fotografía (aunque las reproducciones no sean impresas), la serigrafía, incluso en superficies no planas, el diseño gráfico y tipográfico y las técnicas de impresión.
• artes liberales. Nombre que reciben las siete ramas del saber que Aristóteles reunió en dos grupos: trivium (gramática, retórica, dialéctica) y quadrivium (aritmética, geometría, música, astronomía). Las artes liberales eran obligatorias como cultura general para todo hombre libre. Tras el período de las invasiones germánicas, en que la cultura clásica se refugió en los monasterios, la influencia de este esquema siguió vigente, constituyendo los estudios generales de muchas de las universidades que florecieron en la Baja Edad Media.
• artes plásticas. Las obras visibles capaces de expresar estéticamente valores y sentimientos humanos, tanto personales como del mundo que rodea al artista. Esta denominación se adoptó en el s. XIX para la arquitectura, escultura, pintura, dibujo, grabado y artes industriales. Se contraponen a la música y la literatura.
• Bellas Artes. Las que tienen por objeto expresar la belleza: arquitectura, escultura, pintura y música. Aplícase también a la poesía, teatro, cine y danza.
• Séptimo arte. Denominación dada a la cinematografía.
• Arte por el arte. Expresión acuñada por V. Cousin en 1863 para designar una teoría artística que concibe la obra de arte como una creación independiente, sujeta a sus propias normas y con un valor intrínseco, libre de cualquier tipo de vínculos, sean religiosos, éticos o políticos.

Los principales periodos, estilos, corrientes y movimientos artísticos

Los principales periodos, estilos, corrientes y movimientos artísticos de las artes visuales en Occidente:

En la prehistoria

  • Arte paleolítico (h. 40.000 – 10.000 a.C.)
  • Arte mesolítico (h. 10.000 – 8.000/4.000 a.C.)
  • Arte neolítico (h. 8.000 – 6.000/2.000 a.C.)

En la Edad Antigua

  • Arte egipcio (h. 5300 - 30 a.C.)
  • Arte mesopotámico (h. 4000 - 539 a.C.)
  • Arte minoico (h. 3000 - 1400 a.C.)
  • Arte micénico (h. 1500 - 1100 a.C.)
  • Arte griego (h. 1000 - 320 a.C.)
  • Arte etrusco (h. 800 - 100 a.C.)
  • Arte romano (h. 400 a.C - 476 d.C.)

En la Edad Media

  • Arte paleocristiano (h. s.I - IV)
  • Arte visigodo (h. 415 - 711)
  • Arte bizantino (h. 330 – 1.453)
  • Arte mozárabe (h. 711 - 1.000)
  • Arte carolingio (h. 780 - 900)
  • Arte otoniano (h. 950 - 1050)
  • Arte románico (s. XI - XIII)
  • Arte gótico (s. XII - XVI)
  • Arte mudejar (s.XII - XVI)

En la Edad Moderna

  • Renacimiento (s.XV - XVI)
  • Manierismo (h. 1530 - 1.600)
  • Barroco (h. 1600 - 1750)
  • Rococó (1720 - 1740)

En la Edad Contemporánea

  • Neoclasicismo (1730 - 1820)
  • Romanticismo (desde finales del s. XVIII hasta mediados del s.XIX)
  • Realismo (s.XIX)
  • Impresionismo (mediados s.XIX)
  • Simbolismo (finales del s.XIX)
  • Neoimpresionismo (finales del s.XIX)
  • Postimpresionismo (finales del s.XIX y principios del s.XX)
  • Art Nouveau / Modernismo (finales del s.XIX y principios del XX)
  • Art Decó (1920 - 1950)
  • Arte Naíf (desde finales del s.XIX)
  • Fovismo (1905 - 1908)
  • Cubismo (1907 - 1914)
  • Futurismo (1909 - 1930)
  • Expresionismo (1910 - 1945)
  • Pintura metafísica (1911- 1920)
  • Rayonismo / Cubismo abstracto (a partir de 1911)
  • Orfismo (1912-1913)
  • Constructivismo (1914 - 1930)
  • Suprematismo (1915 - 1925)
  • Dadaísmo (1916 - 1924)
  • Neoplasticismo (1917 - 1944)
  • Nueva objetividad (1920 - 1933)
  • Surrealismo (1924 - 1966)
  • Racionalismo (1925 - 1940)
  • Tachismo (1940 - 1960)
  • Expresionismo abstracto (h. 1944 - 1964)
  • Arte marginal / Art brut (a partir de 1945)
  • Informalismo (h. 1946 - 1960)
  • Espacialismo (a partir de 1947 - 1968)
  • Op art (a partir de 1964)
  • Nuevo realismo (1960 - 1970)
  • Pop art (a partir de 1950)
  • Happening (a partir de 1957)
  • Minimalismo (a partir de 1960)
  • Hiperrealismo (a partir de 1960)
  • Arte conceptual (a partir de 1961)
  • Land art (a partir de 1960)
  • Nueva abstracción / Abstracción pospictórica (a partir de 1964)
  • Arte povera (a partir de 1967)


Bibliografía


Este sitio web utiliza cookies, propias y de terceros con la finalidad de obtener información estadística en base a los datos de navegación. Si continúa navegando, se entiende que acepta su uso y en caso de no aceptar su instalación deberá visitar el apartado de información, donde le explicamos la forma de eliminarlas o rechazarlas.
Aceptar | Más información