Basílica de San Juan de Letrán
Recorrido histórico Del palacio de los Lateranos a la basílica constantiniana El solar sobre el que se levanta la basílica perteneció originalmente a la antigua familia patricia romana de los Lateranos, que poseía allí una amplia residencia próxima a la colina del Celio. En el siglo III, el emperador Septimio Severo confiscó las propiedades de Sexto Valerio Mesala Laterano, y la finca pasó a poder del fisco imperial, siendo utilizada durante algún tiempo como cuartel de la guardia de caballería personal del emperador. Tras la victoria de Constantino en la batalla del Puente Milvio (312 d.C.) y la promulgación del Edicto de Milán (313 d.C.), que garantizó la libertad de culto a los cristianos, el emperador cedió los terrenos lateranos al papa Melquíades —que según las fuentes los había recibido su esposa Fausta como parte de su dote— para que sobre ellos se construyera una basílica digna del nuevo estatus de la Iglesia dentro del Imperio. Las obras se iniciaron hacia el año 313-314 y la basílica fue consagrada en el año 324 por el papa Silvestre I, quien la dedicó al Santísimo Salvador.
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